El Retorno de la Sonrisa: Smile 2


La esperada secuela Smile 2, dirigida nuevamente por Parker Finn, retoma la fórmula del terror psicológico que hizo famosa a la primera entrega, pero con una nueva protagonista y una historia que, aunque no innova, sigue atrapando al espectador. En esta ocasión, seguimos a Skye Riley (interpretada por Naomi Scott), una estrella del pop que, tras un trágico accidente de tráfico y una lucha contra el abuso de drogas, comienza a experimentar fenómenos aterradores ligados a una misteriosa entidad que sigue cobrando víctimas, siempre con una macabra sonrisa.


La película arranca cuando Skye presencia el suicidio de un amigo, que también muestra la inquietante sonrisa que ya conocimos en la primera entrega. A partir de ese momento, el terror se despliega en su vida diaria, haciéndola dudar de su propia cordura mientras se enfrenta a traumas del pasado y a un desconocido que parece saber demasiado sobre lo que está ocurriendo. La presión aumenta a medida que se acerca el inicio de su gira mundial, mientras los sucesos inexplicables se vuelven cada vez más perturbadores.

Mejoras y Fortalezas En comparación con su predecesora, Smile 2 eleva la tensión y el miedo de manera significativa. Parker Finn ha logrado afinar su técnica, ofreciendo más jumpscares que, a diferencia de muchas otras películas de terror actuales, están bien integrados y no se sienten forzados. La atmósfera que crea es opresiva y constante, manteniendo al público al borde del asiento durante toda la película. Sin duda, la sensación de angustia es mayor, lo que mejora la experiencia para aquellos que disfrutaron del miedo psicológico de la primera.

Lo que No Cambia Sin embargo, aunque Smile 2 logra ser efectiva en el aspecto técnico, su narrativa no trae muchas sorpresas. La historia sigue una línea bastante similar a la primera entrega: una presencia maligna que se alimenta del trauma humano, una protagonista que lucha tanto con fuerzas externas como con sus propios demonios internos, y una espiral descendente hacia la locura. A pesar de tener personajes nuevos y un contexto ligeramente diferente, la trama resulta familiar y puede sentirse repetitiva para quienes esperaban una evolución más marcada en el guion.

Smile 2 no es una película revolucionaria en el género del terror, pero cumple con su cometido. Es una secuela sólida que conserva el espíritu de su predecesora y amplía el universo terrorífico que Finn construyó. Si bien no ofrece giros narrativos novedosos, logra mantener el interés del espectador con su atmósfera asfixiante, su exploración del trauma y un terror psicológico que, aunque predecible, sigue siendo efectivo. Una opción recomendable para quienes disfrutaron de la primera parte y buscan más del mismo terror escalofriante.


Por Pablo Fernández.